jueves, 17 de noviembre de 2005

La otra realidad tecnológica

Debo dar gracias a los Dioses del Bit por ser tan afortunado. Cierto que no tengo una mansión como la de Bill Gates o la de Steve Jobs, ni tengo una limusina o un Ferrari. Soy, más bien, uno del montón, con un pisito hipotecado y con un trabajo en el que invierto casi doce horas diarias, y otras 3 (ó 4, dependiendo del tráfico) de viaje. Pero debo reconocer que soy agraciado, tanto económica como tecnológicamente.

Trabajo con un ordenador portátil de hace dos años, y el ordenador de mi casa (al que únicamente le añadí un poco de memoria, otro disco duro y una regrabadora de DVD) tiene ya tres años. Sé que no estoy a la última, y que no tengo un megapepino en el que pueda ejecutar el Doom 3 (de hecho no puedo jugar a algunos juegos, a pesar de tener una tarjeta gráfica Geforce de 128 MB), pero me sobra para tener mis documentos, bajarme algún fichero de MP3 o alguna que otra película (principalmente algún dibujo animado para mi hija o un documental), o para desarrollar en Java, en PHP o en .NET. Me sobra ordenador, aunque a muchos les parezca que estoy anticuado.

Recuerdo todavía, no sin cierta nostalgia, cuando tenía mi Spectrum 48K, el cual me duró 10 años. Creo que fue el ordenador que mejor se amortizó, pues tuvo casi una década de éxitos y sin ningún tipo de actualización. Asimismo, esos 48K nunca fueron aprovechados del todo. Llegué a escribir código y a pintar sprites de algunos juegos que salieron a la calle, e incluso pude llegar a trabajar en alta resolución (a un color por pixel, en lugar de dos colores por octeto), e incluso llegué a desarrollar un "Wordperfect" a 50 columnas (en lugar de las 32 originales).

Hoy día, entre el tuning y los megapepinos que se quedan desfasados a la hora siguiente, uno no sabe qué hacer. Parece una fiebre contagiosa el comprarse un ordenador cada año, o actualizarlo cada mes. Y parece que si no tienes lo último eres un parias y un bicho raro.

¿Para qué quieres un megapepino si sólo bajas música de internet, navegas, miras el correo electrónico, haces algún documento con el Word o con el Excel, te instalas un juego que te olvidas de él (ya que te compras luego la "Play-Obsesion" y no vayas tú a comparar) y poco más?. Es como comprarte un Ferrari cada año, estrenarlo, vacilar con él durante el primer mes y encerrarlo en el garage hasta que te aburras de él y lo tires.

Vivimos en una sociedad de consumismo (yo ahora prefiero vivir "con su mismo" ordenador, "con su mismo" ratón...), y no paramos de tirar el dinero en tecnología que no aprovechamos. No sólo hablo de un ordenador, si no a nivel global.

Por ejemplo, tengo una PDA un tanto anticuada, de la cual sólo utilizo la agenda de contactos, las citas, las notas y un traductor de inglés. He probado a meter más programas y virguerías, pero no me son útiles. Tengo un reproductor de MP3 que se aburre en los más profundo de la memoria. ¿Por qué?. Por que sólo utilizo el MP3 en mi reproductor portátil (el cual utilizo únicamente cuando hago footing (que suele ser de 3 a 5 veces a la semana)), o en mi propio ordenador o, excepcionalmente, en mi reproductor de DVD's. El resto de mi PDA no es utilizado.

Otro ejemplo: el teléfono móvil. Compré un móvil con cámara de fotos y vídeo, con interfaz Java, con unos pedazo de juegos que parece una Game Boy y con muchísimas virguerías. Prácticamente lo utilizo para recibir y enviar llamadas y mensajes, la agenda, la calculadora, las citas y cambiar la música o el tono. La cámara de fotos o la de vídeo la he utilizado para el vacile, pero nada más. ¿De qué me sirve un teléfono que tenga tantas cosas, si luego sólo utilizo el 10% de su funcionalidad?. Reconozco que probé todas sus funcionalidades, y después te das cuenta que te sobran casi todas.

Dentro de esta perspectiva es cuando me doy cuenta de que estoy agraciado tecnológicamente. Y aún más, si cabe, cuando te detienes a pensar (dentro de tu apretadísima agenda) y miras más allá de tus narices, hacia el exterior. Dejas de pensar en ti, o en tus amigos y semejantes. Sabes que la mayor parte de nuestro pequeño mundo (eso son muchos millones de personas) viven con lo puesto, muchos con un dólar al día. ¿Qué tecnología pueden tener?.

Me hace mucha gracia cuando se recolectan ordenadores, teléfonos y demás aparatos que son ya antiguos, para ir cerrando la brecha digital con el Tercer Mundo. Esas personas necesitan primero comida y ropa, ya que son sus necesidades principales para vivir. Cuando se llegue satisfacer esta necesidad (la verdad es que a los imperios económicos no les interesa), lo siguiente será dotarles de una cultura y enseñarles a producir los elementos para su subsistencia (que es también su principal necesidad). La tecnología puede ayudar, pero sólo aquella relacionada con su supervivencia, como pueda ser la agricultura, la ganadería, etc.

Pero dejémonos de pensamientos impuros e ideales imposibles. Seamos como somos: depredadores de nosotros mismos. Y retomemos el hilo de ese altruismo que nosotros, los desgraciados consumidores de alta tecnología, aportamos al Tercer Mundo. Nos cansamos de nuestros viejos ordenadores, que ya tienen sus achaques (se calienta el micro y se resetea, la batería del teléfono se acaba rápidamente, el cristal de la PDA está partido, no puedo seguir ampliando mi Pentium II, y no puedo usar el Windows XP, etc.), y decidimos con toda nuestra buena intención, donarlo al Tercer Mundo.

No me creo que al Tercer Mundo les llegue toda aquella tecnología que aún se pueda aprovechar por estar en buen estado, y que no se pueda vender de segunda mano. Pero, vamos a ser personas ingenuas y de buena fe, y pensemos que todo va al Tercer Mundo, incluyendo aquellos aparatos que están en buen estado.

En el Tercer Mundo no hay apenas suministro eléctrico, por lo que ¿dónde se va a enchufar ese ordenador?. Así pues, la tecnología llegará a aquellas zonas que puedan permitirse el lujo de pagar y de consumir electricidad, y además en aquellas zonas que soporten los 220V/240V. De momento tenemos que la tecnología es para privilegiados. Aún así, aquellos que tengan la suerte de poder acceder a esa tecnología, deberán tener una cultura, como mínimo alfabetización, aunque sea lo mínimo para poder leer el texto de cada menú, de cada icono, de cada opción... Y aún así, ¿cuánto va durar ese equipo de segunda mano que no queríamos?.

En el párrafo anterior he definido únicamente la punta de ese iceberg. La realidad, lo que hay oculta bajo el agua (y que suele ser el 90% de iceberg), es mucho más lamentable y cruda. En realidad, la tecnología que llega al Tercer Mundo no es un servicio altruista para alfabetizar tecnológicamente a los más necesitados. No, en realidad estamos utilizando aquellos lugares como basurero tecnológico. Se almacenan toneladas y toneladas de basura tecnológica, que, además, es la más contaminante y peligrosa de todas. Triste, pero cierto.

La paradoja es la siguiente: si nosotros, el ciudadano de primera, con una cultura pasmosa, que accede a la tecnología punta, no somos capaces de aprovechar ni el 10% de nuestro teléfono móvil, ¿cómo pretendemos justificar que el Tercer Mundo tiene oportunidad de acceder a esta tecnología?.

Recientemente, una empresa con actitud noble y altruista, quiere construir ordenadores portátiles por sólo 100 dólares, con el fin de hacer llegar a países en vías de desarrollo tecnología de ahora. Esto suena bonito, pero la realidad, a mi parecer, es que venderá muchas más unidades en nuestro "Primer Mundo" que en su destino original.

Desde este blog quiero llamar la atención de varias cosas:

1) La fabricación de tecnología con materiales biodegradables, para evitar la contaminación.
2) La subvención de tecnología a países en vías de desarrollo.
3) La donación (con intereses desgravables) de tecnología a dichos países por parte de las empresas tecnológicas.
4) El reciclaje de toda la basura tecnológica actual.
5) La apertura de la información y de los conocimientos a esos países sin restricciones.

Más información:

http://www.diarioti.com/gate/n.php?id=9853
http://barrapunto.com/article.pl?sid=05/10/28/1559255
http://www.diariopyme.cl/newtenberg/1733/article-65898.html